
La
Tierra y
Marte fueron muy similares durante sus orígenes, hasta que éste agotó su combustible interno hace unos
3.500 millones de años. El Planeta rojo podría considerarse, por tanto, un fósil a escala planetaria de la
Tierra cuando se desarrollaron los hábitats potenciales primigenios. Cinco regiones terrestres con características análogas a ciertos ambientes del pasado de
Marte serán analizadas por científicos del
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del
Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, para evaluar la posible presencia de restos

de vida en él. La cuestión es que si aquí la vida se conserva en un ambiente tan exigente,
¿por qué no va a ocurrir en Marte? Cada una de las regiones seleccionadas posee diferentes características comunes a estos entornos primitivos.
“La integración de todas ellas es la que aporta una visión conjunta del entorno marciano”, explica el responsable del proyecto, el paleontólogo del
Centro de Astrobiología (centro mixto del CSIC y del Instituto Nacional de Tecnología Aeroespacial) David Fernández. La presencia de restos de biomoléculas en minerales formados en estos ambientes terrestres será extrapolable a
Marte,

donde los resultados se utilizarán para localizar las áreas de estudio más adecuadas. Dos de los análogos terrestres están en
Parakiri y
Rotorua (Nueva Zelanda), hacia donde el equipo partirá el próximo
lunes 07 marzo 2011. Ambas zonas poseen depósitos de sílice asociados a fluidos hidrotermales ácidos derivados de la actividad ígnea del subsuelo. Recientemente, la
sonda Spirit de la
NASA descubrió sedimentos similares en la superficie marciana. El reto será dilucidar si son capaces de preservar información biológica. La zona de
Barberton (Sudáfrica) es otro de los entornos seleccionados para el proyecto, ya que está formada por rocas cuya antigüedad ronda los
3.500 millones de años.

En aquella época, las condiciones ambientales de la
Tierra eran parecidas a las de
Marte, lo cual permitirá inferir el ambiente en el que pudieron surgir las primeras evidencias de vida en el Planeta rojo. Mientras, el desierto de
Atacama (Chile) se asemeja a la superficie del Planeta rojo por sus condiciones de sequedad extremas influidas por vulcanismo que han promovido el desarrollo de depósitos salinos similares a los detectados en
Marte. El río
Tinto (Huelva) es la última región seleccionada. El emplazamiento español ya ha sido objeto de múltiples estudios debido a sus singulares condiciones de acidez y oxidación, capaces de albergar vida.

Los análisis han revelado que su ambiente
“preserva biomoléculas de gran tamaño que permiten definir los organismos de los que proceden”, asegura el paleontólogo. Las biomoléculas que el proyecto pretende descubrir son fósiles moleculares de seres vivos, desde microorganismos hasta grandes vertebrados.
“Es posible que no se averigüe la procedencia de cada una de ellas, pero su hallazgo implica la existencia de vida en estas regiones. Si alguna vez hubo vida en Marte, estoy seguro que la encontraremos antes o después”.

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